
Porsche ha presentado hoy el Mission S, un coche conceptual que nos adelanta cómo será el diseño de la marca en el futuro. Forma parte de su nuevo plan estratégico, llamado «Sportwagenschmiede ’35».
La presentación ha sido en el muelle de Queens, en Nueva York, con el skyline de Manhattan de fondo, y no es casualidad: justo ahí se hicieron en 1953 las primeras fotos del Porsche 550 Spyder, que dieron la vuelta al mundo. Aquel coche, con motor central, fue el primer superdeportivo de Porsche y todavía hoy se ve como el que marcó la personalidad de la marca. Además, ayudó a que Porsche se hiciera popular y tuviera éxito en Estados Unidos.
Con este sitio, Porsche quiere dejar claro que su historia importa de cara al futuro, y eso es justo lo que busca el Mission S.
La filosofía detrás del diseño
Tobias Sühlmann, director de Diseño, explica que el Mission S es fruto de una estrategia pensada a largo plazo, basada en tres ideas: autenticidad, coherencia y atemporalidad. Dice que este modelo marca el camino que seguirá pronto el resto de la gama.
El coche une una plataforma potente de motor central con un diseño claro, inspirado en los Porsche más míticos. Dentro, mandan la sencillez y la ergonomía pensada para el conductor, con una mezcla moderna de mandos físicos y digitales. Han reducido a propósito las pantallas para que el contacto directo entre persona y coche sea lo principal.
El diseño por fuera

El exterior recupera los rasgos clásicos de Porsche y los lleva al futuro: las típicas aletas en forma de torpedo, la línea de techo inconfundible y unas proporciones muy anchas y bajas. El resultado son los llamados «volúmenes flotantes»: formas suaves que parecen estar suspendidas en el aire. Todo ello da al coche un aspecto escultural, potente y técnico, que deja muy claro lo deportivo que es.
Interior: pensado para quien conduce

Por dentro, el Porsche Mission S vuelve a lo esencial de los coches deportivos de siempre. Su diseño se inspira en clásicos de la marca como el 550 Spyder y el 356.
Dos líneas marcadas recorren el salpicadero y las puertas. Te dan esa sensación tan Porsche de ir sentado «metido dentro del coche», y conectan con el diseño de fuera. Además, dejan un aspecto limpio y que no pasa de moda, que te lleva a fijarte solo en lo importante.
Lo analógico y lo digital se mezclan sin que chirríe nada, así que el interior se siente familiar pero también moderno. Hay interruptores y botones de los de toda la vida junto a pantallas actuales, y todo está bien colocado y es cómodo de usar.
Los asientos siguen la misma idea. El cinturón se abrocha en el centro del asiento, como un arnés, y los mandos del ajuste eléctrico están en otro sitio. Con eso ganas comodidad y practicidad, y además te llega un toque de coche de competición.
