
Quienes aspiran a conservar salud o a una figura estilizada no pocas veces la toman contra las grasa, tal vez ignorando que son vitales para la vida humana. Mesura y buena elección al consumirlas son la medida perfecta.
La contemporaneidad quiere «desgrasarse» diría quien siga los consejos de los dietistas desde los cuatro puntos cardinales del planeta. En la medida que los conocimientos de la ciencia avanzan, el afán por la salud y una figura estilizada expande la animadversión hacia el consumo de esas sustancias.
Solo que no siempre se advierte que en este caso, como en todos los asuntos de la existencia humana, los extremos son poco aconsejables. La imagen perfecta sería evitar situarle a las grasas el arito de los ángeles como el fuego de los demonios.

Además de deliciosas en las comidas, son las más grandes aportadoras de energía en la dieta del hombre, e insoslayables contribuyentes al crecimiento del cuerpo, a su funcionamiento y a la lozanía de la piel. Existen otros alimentos que ofrecen energía, como los hidratos de carbono y las proteínas, pero los estudiosos señalan que con un único gramo de grasa se acumula casi el doble de calorías, lo que en unos casos puede funcionar como una ventaja, y en otros como un grave peligro.
Aunque no falten quienes crean que pueden borrarlas de sus dietarios, las grasas o lípidos están considerados como nutrientes esenciales para la vida de los seres humanos y constituyen la reserva energética del organismo. Ellas forman parte de los factores que contribuyen a que los órganos se mantengan vitales y en la posición adecuada, los resguardan de los golpes, y devienen en aislantes antes cambios bruscos de temperatura, lo que garantiza su estabilidad.

Solo que no siempre se advierte que en este caso, como en todos los asuntos de la existencia humana, los extremos son poco aconsejables. La imagen perfecta sería evitar situarle a las grasas el arito de los ángeles como el fuego de los demonios.
Además de deliciosas en las comidas, son las más grandes aportadoras de energía en la dieta del hombre, e insoslayables contribuyentes al crecimiento del cuerpo, a su funcionamiento y a la lozanía de la piel. Existen otros alimentos que ofrecen energía, como los hidratos de carbono y las proteínas, pero los estudiosos señalan que con un único gramo de grasa se acumula casi el doble de calorías, lo que en unos casos puede funcionar como una ventaja, y en otros como un grave peligro.
Aunque no falten quienes crean que pueden borrarlas de sus dietarios, las grasas o lípidos están considerados como nutrientes esenciales para la vida de los seres humanos y constituyen la reserva energética del organismo. Ellas forman parte de los factores que contribuyen a que los órganos se mantengan vitales y en la posición adecuada, los resguardan de los golpes, y devienen en aislantes antes cambios bruscos de temperatura, lo que garantiza su estabilidad.
Solo que las investigaciones demuestran también que consumirlas desproporcionadamente puede provocar más daños que beneficios, pues incrementan los porcentajes de colesterol del cuerpo; lo cual deriva en obesidad, diabetes, enfermedades cardiacas, e incluso el cáncer.
Ello ofrece la razón a los defensores de una dieta balanceada con alimentos bajos en grasas, en la que abunden las frutas y verduras. Los especialistas señalan que una alimentación normal es aquella en la que el aporte calórico de las grasas a la dieta no supere el 30 %, o lo que es lo mismo, entre 45 y 64 gramos por día.
