Royal Portrush: Lo que debes saber sobre la sede del 153º The Open

El Open Championship vuelve a salir de Gran Bretaña… ¡y otra vez aterriza en Royal Portrush!
Sí, es solo la tercera vez en 153 años que este torneo sale del territorio británico, y cada vez ha sido en el mismo lugar: el espectacular Royal Portrush Golf Club, en el condado de Antrim, Irlanda del Norte.Para esta edición de 2025 , te damos unos detalles de este campo de ensueño.

1. Irlanda del Norte también es tierra de golf links

Cuando uno piensa en golf tipo “links” británico, lo primero que viene a la mente son lugares como St. Andrews en Escocia o los campos legendarios cerca de Liverpool o Kent. Son destinos muy turísticos, claro. Pero el Open de este año viene a recordarnos que la costa noreste de Irlanda del Norte no se queda atrás ni por asomo.

De hecho, podrías pasar una semana de lujo jugando en lugares como Royal County Down, Ardglass, Portstewart, Castlerock… ¡y terminar en Royal Portrush! Todo eso mientras disfrutas del paisaje con dunas gigantes, acantilados y vistas brutales del Canal del Norte, que conecta el Mar de Irlanda con el Atlántico.

2. Portrush: un campo con vistas y viento de verdad

Los campos clásicos del Open (como St. Andrews, Muirfield, Royal Liverpool…) están todos en la costa, sí, pero ninguno da directamente al mar abierto como lo hace Portrush. Salvo un par de hoyos en Troon, los demás no se asoman tanto al océano.

Portrush está diseñado para sacarle el jugo al paisaje: tees en alto, calles elevadas, greens con vistas. Eso significa vistas épicas del mar… y también una buena dosis de viento, porque aquí no hay árboles que te salven.

2. Dos Casa- clubes, dos mundos

En Portrush, jugar al golf es algo especial… y también un poco dividido. Hay dos clubes distintos que comparten el mismo terreno pero no el mismo estilo de vida, con sus casas club separadas por unos 550 metros.

Por un lado, está el Royal Portrush Golf Club, fundado en 1888 y con el “Royal” en su nombre desde 1892. Este es el club elegante, el de los trajes bien planchados y los vasos de whisky entre muebles de roble y bandejas de plata. Aquí es donde se juntan los peces gordos de la industria, la política y las finanzas a hablar de negocios… y de golf, claro.

Y justo un poco más allá, está el Rathmore Golf Club, creado en 1947, mucho más sencillo y con una clas totalmente distinta. Es el club de la gente común: profes, carpinteros, conductores de bus y trabajadores locales. La casa club es modesta, de una planta, sin lujos, pero con mucho corazón. De ahí salió nada menos que Graeme McDowell, campeón del US Open en 2010, que creció ahí como junior. Su historia es puro ejemplo de esfuerzo y pasión por el golf desde abajo.

Ambos clubes comparten acceso a dos campos de altísimo nivel. El más famoso es el Dunluce, sede de campeonatos internacionales, un recorrido que pone a prueba hasta a los mejores. El otro es el Valley Course, más corto, pero igual de interesante: solo tiene 18 bunkers, pero un diseño espectacular que también está entre los mejores del mundo.

El campo Dunluce fue tomando forma poco a poco desde que se fundó el club, hasta que el legendario arquitecto Harry S. Colt lo rediseñó por completo en 1932 junto a su socio JSF Morrison. Al año siguiente, ambos hicieron lo mismo con el Valley. ¿Cuánto cobraron por el trabajazo? Unas 212 libras de la época, que hoy serían unos 30.000 euros .

Cada campo arranca y termina en su casa club respectiva. Los socios de Rathmore pueden jugar sin restricciones en el Valley, y tienen un acceso más limitado al Dunluce. Eso sí, el mantenimiento de ambos campos corre a cargo de Royal Portrush, que es dueño de los dos.


3. Harry Colt y Martin Ebert: los magos del diseño

Harry S. Colt, que vivió entre 1869 y 1951, fue uno de los grandes cerebros que ayudaron a darle forma al golf tal como lo conocemos hoy. Fue pionero en diseñar campos que respetaran la forma natural del terreno, alejándose del estilo rígido y cuadriculado de la era victoriana.

Su trabajo coincidió con un momento clave: cuando el golf empezó a dejar atrás las bolas de gutapercha (esas que parecían de goma dura) y se pasaron a las de núcleo de goma, mucho más potentes y consistentes. Además, en esa época, muchos campos empezaron a construirse tierra adentro, en vez de solo en zonas costeras, así que diseñarlos se volvió aún más desafiante.

Colt, muchas veces en colaboración con su colega C. H. Alison, diseñó o rediseñó campos de leyenda: Sunningdale (New Course), Wentworth, Muirfield, Royal Liverpool, Royal Lytham & St. Annes, Royal St. George’s, y también campos fuera de Reino Unido como Hamilton Golf & Country Club y Toronto Golf Club en Canadá. En EE. UU., dejó su huella en lugares como Sea Island (Georgia), Milwaukee Country Club, e incluso en los últimos cuatro hoyos del mítico Pine Valley en Nueva Jersey.Durante años, Portrush fue conocido como un campo increíble… pero con un “pero”. Tenía unos hoyos links espectaculares, pero los dos últimos no estaban a la altura del resto. Tanto así, que se le apodaba “el mejor campo de 16 hoyos del mundo”. Eso cambió justo antes del Open Championship de 2019, cuando por fin recibió el cariño (y las obras) que merecía.

Ahí fue cuando el club llamó a Martin Ebert, un diseñador de campos británico con mucha trayectoria, para que se encargara de una renovación importante. Su tarea incluyó dos hoyos nuevos, el 7 y el 8, construidos sobre parte del terreno del Valley Course. Para hacer espacio, se movió parte de ese recorrido, y los viejos hoyos 17 y 18 del Dunluce se transformaron en un campo corto de 6 hoyos para juniors… y, de paso, quedaron perfectos como zona para montar las carpas y estructuras del Open.

Ebert no es cualquier diseñador. Jugó al golf en la Universidad de Cambridge, aprendió el oficio con el legendario Donald Steel, y luego fundó su propio estudio en 2005 junto a Tom Mackenzie. Desde entonces, han trabajado en nueve de las diez sedes del Open Championship. Además, Ebert sabe tanto de reglas que fue árbitro en ocho ediciones del Open entre 2011 y 2018.

Su trabajo en Portrush se hizo en dos grandes etapas, siendo la más intensa entre 2015 y 2016. Además de los dos hoyos nuevos, también rediseñaron tres greens y ampliaron varios tees para dar más emoción al recorrido. Durante su investigación, Ebert descubrió que en su momento se habían modificado un par de hoyos para poder encajar la casa club. Aunque Harry Colt, el diseñador original, estuvo involucrado como asesor, no fue quien ejecutó esos cambios. Para Ebert, eso fue una señal de que Colt no se oponía a ajustar el campo si eso mejoraba el conjunto sin perder su esencia.

Para la edición 2025, los cambios han sido más suaves: se ajustaron unos seis tees para alargar o mejorar la experiencia desde atrás, se retocaron dos greens para hacerlos un poco más receptivos y se mejoró el campo de prácticas. Pero lo más importante, según Ebert, fue crear más espacio dentro del campo para que la gente pueda moverse, ver mejor y disfrutar del evento sin molestar el juego.

Y vaya si hay que pensar en el público. En 2019 fueron 235.000 personas en toda la semana. Para 2025, se esperan 290.000 visitantes, con 50.000 por día solo durante la competición. Montar una experiencia así en un campo de estilo links —que no está hecho para multitudes— no es fácil. Hay que planificarlo muy bien, sin sacrificar la calidad del golf.