Pedro Lasuén publica “Sin duda”, sexta y última novela de la saga de su mítico Jack White

Un país en ruinas, un nuevo gobierno y una llamada desde el palacio de la Moncloa para una misión totalmente inesperada, así comienza la sexta y última entrega de las aventuras de Jack White, el personaje creado por el escritor Pedro Lasuén, y al que éste promete dejar en hibernación… por ahora 

Después de títulos tan escuetos y poco descriptivos como “Tal Vez”, “Quizá”, “A Lo Mejor”, “Es Posible” y “Lo Más Probable”, se desmelena la desbordante imaginación de Pedro Lasuén con la publicación de “Sin Duda” (Amazon, 418 págs.), novela con la que el autor dice cerrar la saga protagonizada por Jack White, el pseudónimo con el que su mítico personaje firma sus artículos en numerosos medios internacionales de prestigio.  

Si en las anteriores tramas de sus novelas, hábil mezcla de espionaje y policíaca, nos mostraba descarnadamente el mundo del narcotráfico y sus ramificaciones, especialmente con la política, en “Sin Duda” entrega una apoteosis del excéntrico protagonista, a cuyo corrosivo humor castizo-español añade a menudo unas gotas, a modo de angostura, del presuntamente flemático humor inglés

Está comúnmente admitido que la ficción sirve para ir más allá del relato histórico y expresar ideas y sentimientos que traslucen los del propio autor. Lasuén lo evidencia sin contenerse en esta entrega, en la que sitúa la acción en un futuro inmediato-presente histórico con epicentro en Madrid, y cuyos personajes permiten adivinar claramente en dónde y con quiénes ha encontrado la inspiración. En esta ocasión, desenvuelve la trama en los más altos palacios, con los supuestamente más insignes personajes. Y, como hilo conductor, la coprotagonización de una comandante y un capitán de la Guardia Civil, cuerpo por el que Lasuén siente y transmite su admiración a través de sus personajes. 

Como corresponde a un millonario sibarita -esa faceta es la más imaginativa de todas por tratarse de un periodista-, Lasuén integra sin esfuerzo rasgos del lujo gastronómico y enológico, aunque, fiel a su línea, apenas se detiene en los detalles adyacentes al meollo de la trama, provocando en el lector el ansia incontenible por conocer la continuación.  Advierte en las dos primeras líneas del libro, pero a toda página, que “todo es fruto de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia”. Cuesta creerle a medida que se devoran los capítulos.