¡Llega el PGA Championship! (1)

El PGA Championship: el Major que nació en un almuerzo y perdió su trofeo en un taxi

Hay torneos de golf y luego está el PGA Championship. Uno de los cuatro Majors —esos cuatro torneos que son la cima de la cima del golf mundial— y quizás el que tiene las historias más disparatadas, los personajes más pintorescos y una trayectoria que vale la pena contarle a cualquiera, juegue o no juegue al golf.

Todo empezó en una comida de negocios

Corría el año 1916 y un señor llamado Rodman Wanamaker —heredero de una cadena de grandes almacenes y con más dinero que sentido del humor— invitó a un puñado de golfistas y aficionados a comer en el club Taplow de Nueva York. En esa mesa estaban nada menos que Walter Hagen y Francis Ouimet, dos de las leyendas de la época.

Wanamaker tenía una idea: los golfistas profesionales eran tratados como poco más que empleados de servicio. ¿No merecían su propia organización, su propio torneo, su propio reconocimiento? De esa charla nació la PGA of America en febrero de 1916, y unos meses después, ese mismo año, se celebró el primer PGA Championship.

El escenario fue el Siwanoy Country Club en Bronxville, Nueva York. El ganador fue el británico Jim Barnes, que se embolsó la friolera de 500 dólares y una medalla de oro con diamantes. No estaba mal para la época. Wanamaker, por su parte, puso de su bolsillo 2.500 dólares para el bote de premios y encargó un trofeo monumental que lleva su nombre hasta hoy.

El trofeo más famoso (y más perdido) del golf

El Trofeo Wanamaker no es cualquier cacharro. Mide 71 centímetros de alto, pesa más de 12 kilos— y un diámetro de 26 centímetros. No lo pierdes fácilmente. O eso creías.

Porque Walter Hagen lo perdió. Literalmente.

Hagen fue el dominador absoluto del PGA Championship en los años 20, ganándolo cinco veces en total, con una racha de cuatro victorias consecutivas entre 1924 y 1927. Tras su triunfo en 1925 en los alrededores de Chicago, el Haig —como le llamaban— salió a celebrarlo por la ciudad. En algún momento del festejo, subió a un taxi con el trofeo y, al ver a un amigo en la calle, se bajó del coche impulsivamente. Le dio cinco dólares al taxista para que llevara el Wanamaker a su hotel. El taxi se fue. El trofeo también.

Lo curioso es que Hagen mantuvo el secreto durante años. En 1926, cuando alguien le preguntó por el trofeo al llegar al siguiente campeonato, respondió sin inmutarse: «No lo traje porque no tengo intención de perderlo.» Ganó de nuevo. En 1927, lo mismo. Pero cuando finalmente perdió en 1928, tuvo que confesar: el trofeo había desaparecido hacía tres años.

Hubo que fabricar una réplica. El original apareció misteriosamente en 1930 en el sótano de una empresa fabricante de palos de golf de la marca Hagen, en Detroit. Cómo llegó ahí sigue siendo un misterio. Hoy el original descansa en la sede de la PGA of America en Texas, y el campeón se lleva una réplica un 10% más pequeña para quedársela.

De match play a stroke play: la gran transformación

En sus primeras décadas, el PGA Championship se jugaba en formato match play —jugador contra jugador, hoyo a hoyo— lo que daba lugar a duelos épicos e inesperados. Podía haber hasta nueve rondas en cinco días. Un auténtico combate de boxeo con palos.

En 1958 todo cambió. Las cadenas de televisión empezaron a presionar: querían ver a los mejores jugadores del mundo el domingo final, no que los grandes nombres hubieran caído eliminados el miércoles. La PGA of America cedió y adoptó el stroke play de 72 hoyos que conocemos hoy.

También cambió de fecha varias veces a lo largo de su historia —fue torneo de otoño, luego de verano— hasta que en 2017 se mudó a mayo, colocándose entre el Masters de Augusta y el US Open, donde está cómodamente instalado.

Los grandes protagonistas

Walter Hagen: el showman

Hagen

Hagen no solo es el jugador con más PGA Championships ganados junto a Nicklaus —cinco—, sino que es la personificación del golf como espectáculo. «Nunca quise ser millonario, solo quería vivir como uno», decía. Era famoso por llegar a los torneos en limusina, vestido con ropa impecable, y tener tiempo para tomarse un cóctel antes de salir al campo. Y aun así ganaba.

Jack Nicklaus: la máquina

El Oso Dorado ganó el PGA Championship cinco veces (1963, 1971, 1973, 1975 y 1980), jugó 128 rondas en el torneo a lo largo de su carrera, firmó 53 rondas bajo par y acumuló más golpes en el torneo que ningún otro jugador en la historia. En 1980 ganó por siete golpes de ventaja, uno de los mayores márgenes de la historia.

Gene Sarazen: el más joven (y el más longevo)

Gene Sarazen ganó el PGA Championship en 1922 con apenas 20 años y 5 meses, convirtiéndose en el campeón más joven de la historia. Volvió a ganarlo en 1923, derrotando al mismísimo Hagen en un duelo épico que se considera uno de los grandes partidos de la historia. Y cuando jugó el PGA Championship de 1972, con más de 70 años, se convirtió también en el jugador de mayor edad en participar en el torneo. No está mal para ser el mismo hombre.

Tiger Woods: cuatro Wanamakers

Tiger ganó el PGA Championship cuatro veces (1999, 2000, 2006 y 2007) y es el único jugador, junto a Brooks Koepka, en defender el título con éxito en la era del stroke play. Su 2000 fue de otro planeta: ganó el US Open por 15 golpes, el Open Championship en St. Andrews y el PGA Championship. Estuvo a un Masters de completar el Grand Slam en un mismo año.

Phil Mickelson: el hombre de los 50

En 2021, Phil Mickelson ganó el PGA Championship en Kiawah Island con 50 años y 11 meses, convirtiéndose en el ganador de major más veterano de la historia. Superó a sus rivales —entre ellos al enorme Brooks Koepka— por dos golpes. Un hito que probablemente tardará décadas en caer, si es que cae.

Brooks Koepka: el especialista

Entre 2018 y 2019, Brooks Koepka ganó el PGA Championship dos años seguidos, algo que en la era moderna solo había logrado Tiger. Y lo hizo con una frialdad casi inquietante, como si los majors fueran para él meros trámites administrativos.

John Daly: el capítulo más humano (y más caótico)

No se puede hablar del PGA Championship sin mencionar a John Daly. En 1991, Daly era el sustituto número 9 en la lista de reservas. Llegó conduciendo desde su casa en Memphis la noche anterior al torneo sin apenas dormir, con apenas tiempo para un par de horas de descanso. Y ganó. Así, sin calentar bien, sin conocer el campo de Crooked Stick en Indiana más que de oídas.

Daly es la historia de golf más improbable: un jugador capaz de golpear la bola a distancias absurdas, de entrar en el corazón de la galería como nadie, y también de protagonizar los episodios más rocambolescos del circuito. En 1997, tras un malohumor colectivo en el Players Championship, se fue de celebración una noche y acabó destrozando su habitación de hotel. En 1998, en el Bay Hill Invitational, metió seis bolas seguidas al agua en el mismo hoyo, siguió jugando hasta la séptima y terminó con un 18 en un par 5. Un 18.Su relación con el juego siempre fue así: lo más alto y lo más bajo, sin término medio