
Hoy te traemos cinco recetas con huevo que probablemente no esperabas y que pueden reconciliarte con este ingrediente más allá del piloto automático culinario.
Un huevo, en cualquiera de sus formas, siempre salva una cena cuando has alargado el entrenamiento más de la cuenta o completa ese tupper medio vacío que te llevaste deprisa porque se te pegaron las sábanas. El problema es que cuando dicen eso de que “eres más soso que un huevo sin sal”, algo de razón tienen. Porque sí: es versátil, barato y socorrido, pero también puede llegar a ser tremendamente aburrido.
Y una comida sin un poco de emoción en el paladar es una comida a medias. Aunque ya hayas cumplido con la proteína del día a base de huevo duro o de tortilla francesa con una tímida pizca de perejil “para darle alegría”, siempre hay otra forma de cocinarlo.
Por eso, Excelencias Gourmet te trae cinco recetas con huevo que probablemente no esperabas y que pueden reconciliarte con este ingrediente más allá del piloto automático culinario.
1. Huevos mayak o “huevos droga”

Bienaventurado quien los prepare porque son peligrosamente adictivos… porque no, su nombre no es casualidad. Esta receta típica coreana, conocida como Mayak Gyeran, consiste en marinar huevos cocidos en una mezcla intensa de sabores hasta que absorben todo el carácter del aliño.
Definirlos es complicado. Umami se queda corto. Hay dulce, salado, picante y ácido en el mismo bocado. El marinado suele llevar salsa de soja, vino blanco dulce, agua, mirin, miel, vinagre, chiles verdes y rojos, sésamo, ajo y cebolleta china.
Con los huevos ya cocidos y pelados, basta con sumergirlos entre 12 horas y tres días. Después sirven para todo: arroz blanco, noodles, sopas, tostadas o directamente abrir la nevera y comértelos fríos a las dos de la mañana.
2. Huevos benedict

Pocas recetas representan mejor el espíritu del brunch que unos buenos huevos benedictinos. Son fáciles, aparentes y convierten cualquier desayuno tardío en una fantasía neoyorquina.
La combinación clásica lleva bacon o salmón ahumado sobre un English muffin tostado, coronado con huevo poché y salsa holandesa.
El verdadero secreto está en que la yema se rompa al primer corte y se mezcle con la mantequilla de la salsa.
Popularizados en Nueva York a finales del siglo XIX, siguen siendo una de las recetas favoritas de quienes creen que desayunar tarde es un acto cultural.
- La holandesa, por cierto, no tiene más misterio que paciencia: mantequilla clarificada, yema de huevo, sal, pimienta y unas gotas de agua fría para estabilizarla.
3. Yema untable

La yema untable es probablemente lo más cerca que puedes estar de la alta cocina sin salir de casa. Una receta sencilla que se ha viralizado gracias a la “snackificación” de las cenas, esa tendencia de convertir pequeños bocados en una comida completa.
Solo necesitas:
- yemas de huevo
- aceite de oliva
La forma más fácil de prepararlas es en airfryer. Coloca las yemas en un recipiente apto y cúbrelas completamente con aceite de oliva.
- Cocínalas a 80 grados durante unos 20 minutos.
Cuando enfríen, sácalas con cuidado y sírvelas con escamas de sal, cebollino picado o incluso sobre un steak tartar. La textura queda entre mantequilla y crema curada. Y sí, vas a querer untarla en todo.
4. Huevos encurtidos

Si eres de los que pedirían tacos solo por la cebolla encurtida o te emocionas cuando en un bar ponen aceitunas de tapa, esta receta es para ti.
Los huevos encurtidos tienen ese punto avinagrado y salino que convierte cualquier cena improvisada en un aperitivo serio. Unos boquerones, unos picos y un par de huevos encurtidos pueden resolver una noche entera.
Prepararlos es facilísimo:
- Cuece los huevos, pélalos y mételos en un tarro de cristal con la misma proporción de agua y vinagre.
- Añade azúcar y los aromáticos que quieras: romero, laurel, ajo, pimienta…
- Déjalos reposar entre tres y cinco días. La clara se volverá firme y ácida mientras la yema mantiene cierta cremosidad.
Truco útil: si hierves el tarro cerrado unos 20 minutos, harás vacío y podrás conservarlos durante meses en la nevera.
5. Huevos turcos

Este viaje termina en Turquía con uno de esos platos que obligan a tener pan cerca. Mucho pan. Porque sería imperdonable no mojar la mezcla de yogur especiado y mantequilla caliente que acompaña a los huevos.
Los huevos turcos o çilbir son cremosos, aromáticos y reconfortantes. Funcionan como desayuno contundente, brunch lento de sábado o incluso como remedio después de un vermut demasiado largo, porque tardarás 15 minutos en prepararlos.
La base lleva yogur con ajo y limón. Encima, huevos escalfados. Y coronándolo todo, mantequilla derretida con pimentón, chile o especias.
Cómo hacer huevos escalfados rápido

- Pon agua a hervir suavemente en un cazo con un chorrito de vinagre.
- Casca el huevo en una taza.
- Remueve el agua formando un pequeño remolino.
- Desliza el huevo en el centro y cocina entre 2 y 3 minutos.
- Sácalo con una espumadera y pásalo unos segundos por papel absorbente.
Después solo queda montar el plato: primero la base de yogur, encima los huevos y terminar con la mantequilla especiada caliente. El pan, eso sí, no es opcional.
Fuente: Revista Excelencias Gourmet
