
Corría el año 1996, y yo acababa de llegar e instalarme en la Costa del Sol, dando mis primeros pasos como periodista en esta tierra tan especial. Coincidió con las elecciones a la Presidencia de la Real Federación Andaluza de Golf, y fue entonces cuando tuve la oportunidad de entrevistar por primera vez a Ángel de la Riva —junto con los otros dos candidatos—. Desde ese momento me di cuenta de que estaba hablando con alguien con las ideas muy claras, con muchísima experiencia en el mundo del golf y, sobre todo, una persona honesta, cercana y con una gran humanidad.
Con Ángel de la Riva, el golf español —y especialmente el andaluz— vivió un crecimiento que pocos podrían haber imaginado. Supo potenciar el golf amateur, poniendo un cariño especial en los clubes, porque entendía que ahí estaba la base y el futuro del deporte.
El golf fue su pasión, su ilusión y el motor que lo movió durante toda su vida. Siempre buscó aportar su conocimiento y su experiencia para hacer que este deporte siguiera creciendo. Además, convencido de que su ciudad merecía más de un campo de golf, fue el alma mater del Guadalhorce Club de Golf, al que en 2006 se le concedió el título de “Real” por la Casa de S. M. el Rey, un reconocimiento del que Ángel siempre se sintió especialmente orgulloso y agradecido.

Todos los que amamos el golf estaremos eternamente agradecidos a una persona llena de simpatía, incansable en su trabajo y siempre dispuesta al diálogo y la conciliación.
Descansa en paz, querido Ángel. Tu legado y ejemplo permanecerán siempre en nuestra memoria y en el corazón del golf andaluz.
