Historia y curiosidades del British  Open

El British Open es el torneo de golf más antiguo del mundo, y tiene una historia bastante curiosa.

Todo empezó en 1860 en Prestwick, un pueblo costero de Escocia. Un grupo de golfistas se juntó y dijo «oye, ¿por qué no hacemos un torneo para ver quién es el mejor?» Lo ganó un tal Willie Park Sr., y al principio era solo para profesionales escoceses. La cosa era bien modesta: solo jugaban una vuelta de 36 hoyos en un día.

Al año siguiente dijeron «bueno, abramos esto a cualquiera» y desde ahí se llama «The Open Championship» (aunque todos le decimos British Open). Los primeros años lo dominaron los escoceses, como era de esperar, siendo Tom Morris Sr. y Jr. unas leyendas. De hecho, «Young Tom» Morris ganó cuatro veces seguidas y se quedó el cinturón de premio para siempre, así que tuvieron que crear un nuevo trofeo: la famosa jarra de plata (Claret Jug) que se usa hasta hoy.

Durante décadas el torneo fue rotando por distintos campos de Escocia e Inglaterra, siempre en campos «links» que son esos campos junto al mar, con viento, dunas y un clima del demonio. El golf americano empezó a dominar en el siglo XX, con tipos como Bobby Jones, Arnold Palmer y Jack Nicklaus ganándolo varias veces.

Lo curioso es que el torneo se ha jugado casi ininterrumpidamente desde 1860, solo parando en las dos guerras mundiales. Y tiene un rollo muy especial: el clima impredecible, los campos tradicionales, la historia… Es como el abuelo venerable del golf profesional.

Hoy en día sigue siendo uno de los cuatro torneos «major» más importantes del golf mundial.

Aquí van unas cuantas historias y curiosidades del British Open que están bastante buenas:

La jarra mágica que desapareció

La famosa Claret Jug (la jarra de plata del campeón) se ha perdido varias veces. Una vez un ganador la dejó olvidada en un taxi. Otra, un campeón la usó como tope de puerta en su casa. Y Tom Watson incluso la usó para darle de comer a su perro. Ahora solo te dan una réplica para llevarte a casa, por las dudas.

El desastre de Jean Van de Velde

En 1999, este francés llegaba al último hoyo con tres golpes de ventaja. Solo necesitaba un bogey (un golpe de más) para ganar. Pero la cagó épicamente: metió la bola en el agua, se quitó los zapatos para intentar pegarle desde dentro del río mientras la gente flipaba, y terminó haciendo triple bogey. Perdió en el playoff. Dicen que es el colapso más doloroso en la historia del golf.

El viento loco

En 2015 en St Andrews, el viento era tan fuerte que las bolas se movían solas en los greens. Los jugadores tenían que esperar a que pararan de rodar para golpearlas. Algunos hicieron 80+ golpes en una ronda, que es malísimo para profesionales.

La oveja infiltrada

En los primeros años, literalmente había ovejas pastando en los campos durante el torneo. Eran parte del «mantenimiento» del césped. Si tu bola caía en caca de oveja, mala suerte.

Tiger Woods y el putting sin mirar

En 2000, Tiger estaba tan concentrado en St Andrews que hizo un putt importante… y empezó a caminar hacia el hoyo antes de que la bola entrara. Sabía que iba a entrar. Y entró. Pura chulería.

El búnker del infierno

En St Andrews hay un búnker (trampa de arena) llamado «Road Hole Bunker» que es una pesadilla. Algunos profesionales han necesitado 4 o 5 golpes solo para salir de ahí. Es profundo y tiene un borde imposible.

Arnold Palmer y la propina

Cuando Palmer ganó en 1961 y 1962, el premio era tan poco (comparado con hoy) que casi ni cubría los gastos del viaje desde Estados Unidos. Pero él siguió yendo porque le encantaba el torneo, y eso ayudó a que otros americanos vinieran y el Open recuperara prestigio.

El hoyo en uno… ¿de quién?

Ha habido veces que con tanto viento y tantos grupos jugando, nadie sabe quién metió un hoyo en uno porque había varias bolas cerca del hoyo al mismo tiempo.

El British Open tiene ese morbo de que el clima puede cambiar todo en minutos, y eso lo hace impredecible y emocionante.