
En 1997, el Mercedes-Benz CLK GTR participó en la serie de carreras GT1 del Campeonato Mundial FIA GT, y Bernd Schneider ganó el campeonato por un margen considerable.
Para participar en el Campeonato FIA GT1, Mercedes se vio obligada contractualmente a fabricar 25 versiones homologadas para carretera de la versión de competición existente del CLK GTR. La diferencia entre las versiones de competición y de carretera era significativa. Estas diferencias incluían una menor distancia al suelo de la versión de competición, llantas diferentes, retrovisores montados en el pilar A y un alerón trasero modificado que no estaba integrado en la tapa del maletero, sino que se montaba por separado.

Debido a la limitada producción a tan solo 25 cupés y 5 descapotables del CLK GTR, su valor ha ido aumentando constantemente en los años siguientes. Hoy, un vendedor exclusivo de este tipo de coches es el que se encarga de poner a la venta estas joyas automovilísticas, aunque el que se ve en este artículo ya no está a la venta, ya que fue un pedido personalizado, habiendo alcanzado la friolera de 9 millones de euros en una subasta celebrada recientemente.

Mercedes tomó la Clase CLK como referencia para su coche de carreras, pero la realidad es que el CLK GTR tenía muy poco que ver con el modelo de calle. Básicamente era un coche totalmente distinto: llevaba un chasis de aluminio tipo “panal”, una carrocería de fibra de carbono y un diseño monocasco propio de los autos de competición.

Para moverlo, Mercedes usó una versión modificada de su motor V12 M120 de 6.0 litros, el mismo que antes había estado en los Clase S y SL. Y cuando hicieron la versión de calle del CLK GTR, lo retocaron aún más: aumentaron la cilindrada a 6.9 litros, llegando a 622 CV y 731 Nm de par. Sí, incluso más potencia que el coche de carreras. Como es de esperar, todas sus cifras son excepcionales, pues tiene un motor que desarrolla la friolera de 650 cv, con un consumo medio de 23 litros/100 kms.
