
Rory McIlroy hizo historia en el golf al convertirse en el sexto jugador en completar el Grand Slam en una emotiva victoria en el Masters. Ahora forma parte de leyendas como Gene Sarazen, Ben Hogan, Jack Nicklaus, Gary Player y Tiger Woods, únicos hombres que han conquistado los cuatro majors; su triunfo en Augusta llegó casi once años después de su última gran victoria. Con este éxito, McIlroy alcanza cinco majors en su palmarés y suma 29 títulos en el PGA TOUR. Estas son sus reflexiones tras su triunfo en Augusta National:
“Hoy ha sido el mejor día de mi carrera golfística. Estoy inmensamente orgulloso de mí mismo por no rendirme nunca. Me enorgullece haber seguido luchando, sacudiéndome el polvo y no dejar que las decepciones me detuvieran. Es un sueño hecho realidad; llevo soñando con este momento desde que tengo uso de razón.

“Se siente increíble. Esta era mi decimoséptima participación aquí, y ya empezaba a preguntarme si mi gran oportunidad llegaría algún día. Siento que estos últimos diez años, cargando con la presión del Grand Slam, habían sido muy pesados para mí. Ahora me pregunto de qué hablaremos la próxima primavera en el Masters. Me siento absolutamente honrado, emocionado y muy orgulloso de poder decir que soy campeón del Masters.”
Durante la ceremonia de la entrga de premios, recordé cómo ver a Tiger Woods ganar aquí en 1997 su primera chaqueta verde inspiró a toda mi generación a seguir sus pasos. Hubo instantes en mi trayectoria en los que dudé de si algún día llevaría esta prenda sobre mis hombros, y aun así no lo puse nada fácil en la ronda final.

Los nervios me acompañaron todo el día: fue una de las jornadas más intensas que he vivido en un campo de golf. Al empezar, sentí un nudo en el estómago y apenas tuve apetito durante toda la jornada. Las piernas me temblaban, pero esa tensión es normal; si no la sintieras, habría algo mal. La verdadera batalla es mental: mantenerte en el presente y ejecutar bien cada golpe. Mi mayor reto fue conmigo mismo. Al final competía contra Justin Rose, pero sobre todo, mi pelea era interna y contra el aquí y ahora.
Resulta curioso, pero ese doble bogey en el primer hoyo me serenó el ánimo. Al plantarme en el tee del 2, lo primero que me vino a la cabeza fue Jon Rahm, que hace un par de años también empezó con un doble bogey y aun así se coronó aquí. Eso me ayudó a despejar la mente y a mantenerme positivo.

La jornada fue una montaña rusa. El campo estaba tan desafiante —con greens tan rápidos y firmes— que en momentos parecía más un US Open que un Masters. Me enorgullece haber remontado tras los doble bogeys del 1 y del 13. No sé si algún otro campeón del Masters ha encajado cuatro doble bogeys en una misma semana, pero quizás yo sea el primero.
