¿Usted qué opina?

Por Jesús Ruiz Ortega

Ha terminado una Ryder histórica por muchas circunstancias y los ecos que nos deja siguen recordando que Europa presentó el quinto equipo desde 1979, con uno o ningún novato (los cinco han acabado con Europa reteniendo la Copa); que ganó las cuatro tandas de dobles; que Estados Unidos perdió la sesión inaugural en casa por primera vez desde 2004 (la sequía de foursomes se remonta a 1999); que Europa sólo ganó un partido individual, la cifra más baja desde 1957; que ocho de los partidos del domingo llegaron al hoyo 18, la cifra más alta desde 1993 en The Belfry; que Estados Unidos sumó 8,5 puntos individuales, igualando la mayor cantidad en el formato actual de 12 partidos, y que por cuarta vez en la historia se ha tenido que recurrir a la regla “del lesionado” y repartir el punto entre el imposibilitado Hovland y el elegido English. Anteriormente se había retirado Mark James por lesión (1979), Steve Pate por un accidente automovilístico (1991) y Sam Torrance en la derrota europea de 1993.

Hay comentarios para todos los gustos (público…) pero, lo que es definitiva, es la alegría europea por lograr su novena victoria en este siglo (por tres norteamericanas), completando un palmarés de 13 triunfos europeos por 9 estadounidenses (y un empate) desde que en 1979 se instauró el modo actual de Estados Unidos contra Europa. Previamente Estados Unidos había dominado la competición con 19 victorias y tres derrotas, más un empate.

Sin embargo, hay un hecho con el que no estoy de acuerdo y es lo quiero trasladarles para que cada cual lo evalúe. Me refiero al artífice final del éxito europeo…

La tanda de individuales se puso tensa para los intereses europeos, que sumaron su primer medio punto con el empate de Fitzpatrick con DeChambeau, en el quinto partido de la jornada, cuando sus principales estrellas habían sucumbido a la última carga local. A continuación se sumó la victoria de Aberg frente a Cantlay, que puso el marcador en 13,5 a 8,5.

Europa estaba a medio punto de empatar y retener la Copa como campeón defensor, y a uno de ganar. Pero los resultados seguían siendo negativos para Europa.

No fue hasta el noveno partido cuando Europa respiraba con un empate que, aunque sin ganar, suponía un mantener el trofeo gracias al medio punto “por lesión”. No era el panorama imaginado vista la abismal diferencia a su favor con que comenzó el día, pero al menos se retenía la Copa con el que hubiese supuesto el tercer empate de la historia.

Shane Lowry acertó con su putt de 1,5 metros en el 18 y fue el artífice de ese empate global, dando rienda suelta a una alegría que suponía un alivio de la tensión y angustia vividas hasta ese momento. Y a él se le ha otorgado el honor de haber conseguido la victoria europea, cuando no es así. Había conseguido que Europa retuviese la Copa mediante un empate, vital vistas las circunstancias, pero un empate no es ganar, dicho sea sin restar un ápice a su gesta de remontar un partido que perdía en el último tee frente a Henley.

Y quedaban tres partidos en el campo, con Europa perdiendo dos y empatando el penúltimo…

Si los tres partidos los hubiese perdido Europa, ¿quién tendría la sensación de triunfo final? Europa tras comenzar el día necesitando 2,5 puntos para ganar la Copa y no lograrlo o Estados Unidos que habían iniciado los últimos individuales con 5 puntos y lograron remontar un ridículo histórico hasta acabar empatando la edición. Las fotos con la Copa se la harían los europeos, pero ¿qué sensación interna tendrían, sabiendo que habían dilapidado una renta estratosférica y no habían culminado su victoria?

Afortunadamente no fue así y Estados Unidos sólo ganó el décimo y la victoria europea se ratificó cuando en el undécimo y penúltimo partido Hatton empató con Morikawa los seis últimos hoyos para proporcionar a Europa el medio punto que confirmaba su victoria (14,5-12,5 en ese momento) y hacía maldecir su suerte a los americanos pensando en ese medio punto ganado por Europa sin jugar.

Sin embargo, este medio punto definitivo de Hatton ha quedado sin gloria, casi en el olvido, a pesar de ser el definitivo, el que cambiaba angustia por felicidad. ¿Será porque es jugador del LIV y no del DP World Tour? ¿Será porque no se puso a saltar de forma jubilosa, pero inapropiada, en el último green?

En el último partido MacIntyre ganó el 18 a Burns para proporcionar a Europa el medio punto que establecía un marcador definitivo de 15-13, impensable vista la ventaja europea al comenzar la última jornada de la 45 Ryder Cup.

Nada de esto puede borrar la satisfacción que a todos nos invade por la extraordinaria victoria de Europa, que ha ganado 13 de las últimas 20 ediciones (además de un empate) y 5 de las últimas 10 jugadas en suelo estadounidense, pero creo que al César lo que es del César y quien estableció un marcador inigualable por parte americana fue Hatton y no Lowry.

¿Qué piensa usted?