McIlroy repite triunfo en el Masters. Los españoles, mal

Rory McIlroy acaba de ganar su sexto Major en Augusta National y tiene las cosas claras: «No quiero parar aquí». Para él, esto es solo un paso más, no el destino final.

Durante años, todo giraba en torno a una sola cosa: ganar el Masters. Era el trofeo que le faltaba, la asignatura pendiente que todo el mundo del golf tenía en mente. Hubo momentos en que parecía que ese día nunca iba a llegar.

Por eso, cuando el año pasado venció a Justin Rose en un desempate y se puso por fin la chaqueta verde, el mundo del golf respiró. McIlroy cerraba un capítulo que llevaba casi once años abierto y pasaba a la historia como uno de los únicos cinco hombres que han ganado los cuatro Majors del golf.

Pero resulta que cuando McIlroy se puso esa chaqueta verde, no sintió lo que esperaba sentir. Y así lo reconoció él mismo a los medios a principios de semana.

McIlroy reconoció que tras ganar el Masters el año pasado sintió un cierto vacío. Y la conclusión a la que llegó es que necesitaba aprender a disfrutar más del camino y no vivir solo para el siguiente objetivo.

«¿Qué me motiva ahora? ¿Qué quiero conseguir todavía?», se preguntó a principios de semana. «Hay mucho que aún quiero hacer. Uno piensa que cuando logra algo grande va a ser feliz para siempre, pero luego las metas se mueven y siempre hay algo más allá. Me he dado cuenta de que si eres capaz de disfrutar del proceso, eso es lo que de verdad importa. Porque yo sentía que ganar el Grand Slam era mi destino, lo conseguí, y luego me di cuenta de que no era el destino».

Uno de sus nuevos objetivos era convertirse en el cuarto jugador de la historia en defender el título del Masters. Y el domingo en Augusta lo consiguió, ganando a Scottie Scheffler por un solo golpe. Con eso, McIlroy se pone a la altura de Jack Nicklaus, Sir Nick Faldo y Tiger Woods como el único cuarto jugador en ganar dos Masters consecutivos.

El camino no fue fácil: llegó a la ronda final empatado en cabeza después de haber tenido una ventaja de seis golpes a mitad del torneo, tuvo que remontar un mal inicio y aguantar la presión del número uno del mundo hasta el final.

Esta victoria también le permitió igualar el récord de seis Majors de Faldo, la cifra más alta de cualquier europeo en la historia del golf.

Y ahora las reglas han cambiado de nuevo. McIlroy ya no piensa en Augusta como su gran asignatura pendiente, sino que mira hacia los grandes títulos que durante años parecieron imposibles. No quiso dar números concretos, pero dejó claro que esto no se siente como el final, sino como el comienzo de algo nuevo.

En cuanto a la participación española en esta 90ª edición de The Maters, la podemos considerar como decepcionante, pues ni Jon Rahm, ni Sergio García, ni José Marçia Olazabal cumplieron con las espectativas.

Salvo Olazábal, que en la primera jornada de forma sorpresiva se situaba líder con – 2 en los primeros nueve hoyos, el resto, no dieron la talla, pues firmaron tarjetas impropias de su categoría salvando por los pelos el corte, tanto Rahm como Sergio, finalizando en los puestos 38 y 52 respectivamente.